En el contexto
del siglo XXI,
la Educación a Distancia es reconocida como
idónea y Democráticamente las oportunidades de
estudio. A lo largo de estos últimos años se ha visto fortalecida por la
incorporación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y en
tal sentido se han abierto posibilidades insospechadas hasta ahora en el
desarrollo de la práctica educativa. Los sistemas educativos pueden verse
apoyados por poderosas tecnologías que pueden eliminar fronteras geográficas y
contribuir a integrar el mundo académico con el mundo real, a la vez de
presentar ofertas de estudio más amplias y más ajustadas a las necesidades y
aspiraciones de las y los estudiantes y de las regiones donde se desenvuelven.
Es un hecho que las TIC han impactado los métodos convencionales de
enseñanza y de aprendizaje, vistas las transformaciones observadas en la forma
en que tanto docentes como estudiantes tienen acceso a la información y al
conocimiento; como se asevera en el Informe Mundial sobre la Educación (UNESCO,
1998), tales tecnologías constituyen un desafío a los conceptos tradicionales de
enseñanza y de aprendizaje, suponen cambios en cuanto a cuándo, dónde y cómo se
produce el aprendizaje, así como para los roles de profesores y estudiantes
(UNESCO, 2004). El enfoque de la formación centrada en el profesor que enseña
basado en clases, está cambiando hacia un enfoque de la formación centrada en
el estudiante, en un entorno interactivo de aprendizaje.
Los avances tecnológicos ofrecen importantes posibilidades para el logro
de la interactividad, en tanto que hacen posible el establecimiento de una comunicación bidireccional, con transacciones
didácticas entre docentes y estudiantes, en diferentes
lugares y tiempos, según las necesidades
(Fainholc, 1999). Se facilita la creación de nuevas y más eficientes formas y métodos de enseñanza,
así como de entornos generadores de aprendizajes,
que permitan enseñar a los estudiantes a pensar, razonar y solucionar
problemas, y a través de los cuales se sientan motivados y con
responsabilidades sobre su propio aprendizaje en aras de lograr la construcción
de sus propios conocimientos. Los docentes pasan a ser también creadores de
contenidos y facilitadores para el acceso a la información, deben mantenerse al
tanto de los avances en el uso de estos medios y saber extraer el potencial
didáctico correspondiente. Como señala Delacôte (1997), en la actualidad se conjugan ideas derivadas
de dos importantes revoluciones conocidas en lo concerniente a las formas del
saber, la revolución de la interactividad, promovida por las nuevas redes electrónicas
n u e v a, especialmente la de Internet,
con posibilidad de aumentar la capacidad de comunicación y de acceso a la
información, y la revolución cognitiva, expresada en la nueva manera de
concebir el proceso de enseñanza y de aprendizaje y desde luego, las prácticas
educativas. Estas dos revoluciones en conjunto, dan lugar a una tercera que
estaría dada por los cambios en la concepción de los sistemas educativos.











